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Al igual que
el hombre tuvo que ir adaptándose a una naturaleza cambiante para
poder así perdurar en el tiempo, la publicidad ha ido acomodándose
a su vez a esos cambios introducidos por el hombre en su relación
con el mundo físico y social para poder dar sentido de eficacia
a su propia actividad y permanencia, asimismo, en el tiempo. Puede
decirse así que la publicidad ha desplegado, desde sus orígenes
mismos, un continuo esfuerzo de adaptación al cambio social.
La noción de
cambio parece tornada hacia el futuro, volcada a la transformación
y por ende a la desaparición de algo que es sustituido por otra
cosa. Pero la noción de cambio no puede sostenerse sin que giremos
también la mirada hacia el pasado, hacia aquello que es dejado atrás,
que no obstante se lleva consigo y que, por tanto, permanece en
ese devenir.
[...]Si, entre
lo social y lo publicitario, se establece una forma de dialéctica
por cuanto lo segundo se conforma y explica en su relación en el
tiempo con lo primero, varios de los capítulos de este volumen adoptan
una mirada hacia el pasado para retrazar los vericuetos de la progresión
de esas relaciones mutuas que han desembocado en el presente. Esa
mirada en el espejo del pasado nos permite, si no ver reflejado
nuestro presente, sí al menos tener una perspectiva nueva, merced
a ese desdoblamiento, que nos permite a veces entenderlo un poco
mejor y, en ocasiones, atisbar las tendencias hacia el futuro. Al
mismo tiempo, hablar de cambio de este modo pretérito es, también,
hablar de permanencia a lo largo del tiempo.
En la mirada
diacrónica a la que nos invitan algunos autores de este libro, emerge
alguna de estas dos dimensiones que nos ayudan a entender nuestro
devenir.
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